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Economía peruana: reflexiones del primer año de gobierno
25 de julio de 2022

​Balance económico del primer año de gobierno del Presidente Pedro Castillo.

Autor: Carlos Parodi, profesor de Economía de la UP

​Evaluar una economía en un período de tiempo pasa por analizar al menos tres aspectos: primero, la evolución de los principales indicadores, como el PBI y la inflación; segundo, analizar la economía mundial, pues sus vaivenes impactan sobre lo que ocurre dentro del Perú; tercero, el entorno dentro del cual funciona la economía, como por ejemplo, el contexto político. 

Comencemos por el marco institucional. En octubre fue ratificado Julio Velarde como presidente del Banco Central de reserva (BCR), garantía de un manejo serio y responsable de las políticas monetaria y cambiaria. En la primera parte del gobierno, Pedro Francke fue nombrado como ministro de economía y finanzas y luego fue reemplazado por Oscar Graham a partir del 1 de febrero de 2022. La disciplina fiscal y la baja deuda pública del Perú, son fortalezas que se han mantenido. 

No obstante, BCR y MEF garantizan los cimientos de la casa, pero no la construcción de la misma; para esto último, la llave está en el aumento de la inversión y la puesta en marcha de reformas que conecten las cifras macroeconómicas con el bienestar de todos los ciudadanos. 

Veamos. El PBI aumentó en 2021, 13.3 %, la cifra más alta de América Latina; sin embargo, como la comparación se hace con 2020, en ese año, la economía peruana cayó 11.0 % (la peor caída de la región), con lo cual el registro de 13.3 % solo es un rebote estadístico. Tanto es así, que, si la comparación se hace contra 2019, en 2021, solo se creció 0.8 %. Más aun, a partir de enero comenzó una desaceleración de la economía, al extremo que, en abril de 2022, ya se encontraba por debajo del nivel prepandemia. 

¿Por qué el lento crecimiento? La inversión privada, que representa el 80 % de la inversión total del país, se espera crezca 0 % en 2022. Sin aumento de la inversión no hay crecimiento ni aumento del empleo. De ahí que para este 2022 se espere un crecimiento del PBI de solamente 2.5 %. Entonces, ¿por qué una nula variación de la inversión privada? Aquí entra el entorno político. 

Desde que asumió el gobierno, las expectativas sobre el futuro de la economía han mostrado un deterioro permanente. Es natural pensar que la decisión de inversión depende de cómo se vea el futuro. Un gobierno con claros indicios de corrupción, alta rotación de ministros, la menor aprobación entre todos los presidentes del siglo XXI al décimo mes de su gobierno y las medidas inadecuadas e inoportunas no genera el contexto adecuado para promover la inversión. Desde luego que el congreso también juega su partido con una multitud de errores. La desaprobación, que supera 70 % para ambos, es una muestra de la casi nula credibilidad en sus respectivas gestiones. 

La inflación anualizada a junio 2022, fue de 8.81 %, por encima del rango meta del BCR, que es 2 % +/-1 %. Aquí entra la economía mundial. El siguiente cuadro presenta el aumento de las cotizaciones internacionales de una serie de bienes e insumos alimentarios, que explican la tendencia inflacionaria.

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La inflación peruana es importada, es decir, originada en el exterior; ante eso, el BCR, al igual que la mayoría de bancos centrales del mundo, elevó su tasa de interés de referencia de 0.25 % en agosto de 2021 a 6.00 % en julio de 2022. La medida intenta atacar la inflación, pero el costo de la misma es una ralentización de la economía, pues encarece los créditos de consumo e inversión; ambos son componentes de la demanda interna. 

El problema inflacionario es global y su origen último está en la emisión realizada en 2020 por los bancos centrales con el objetivo de enfrentar, los impactos negativos del confinamiento sobre las economías. Además, los problemas con las cadenas de suministro, la invasión rusa a Ucrania, etc. Luego, desde fines de 2021, los bancos centrales subieron tasas de interés, con lo que debilitaron el crecimiento. China, Estados Unidos y la eurozona se encuentran en problemas y juntos representan casi la mitad de la producción mundial; son como las locomotoras del tren llamado economía mundial, hoy día muy cerca de la recesión. 

Un intento por amortiguar los efectos de la inflación fue la reducción de impuestos a ciertos combustibles y alimentos. No funcionó por los altos niveles de informalidad de la economía y por el diseño equivocado. 

Hasta aquí tenemos lento crecimiento con inflación por encima de la meta del BCR; la combinación se denomina estanflación. Estos resultados explicados, en parte por factores externos, muestran un panorama complicado. Sin crecimiento no hay empleo y con inflación, el sol pierde valor y las familias más vulnerables cada vez pueden comprar menos. 

Las finanzas públicas se mantienen bajo control. Luego de experimentar un déficit fiscal de 8.9% del PBI en 2020, se pasó a 2.5% en 2021 y se proyecta 1.9% en 2022. Por el lado de la deuda pública, tomando como referencia que lo ideal es menor que 30% o 35% del PBI, en 2019, era 26.9% y subió, como consecuencia de la pandemia, a 34.6% en 2021 y una proyección de 34.5% en 2022. 

En el mismo campo, el exministro de economía, Pedro Francke, solicitó al congreso facultades para legislar en materia tributaria; en la exposición de motivos se señalaba la urgente necesidad de recaudar 12 mil millones de soles para poder atender las necesidades de educación y salud; sin embargo, un repaso de las cifras, muestra que en 2021 el estado no gastó más de 20 mil millones de soles, debido a ineficiencia en la capacidad de gestión. Mientras tanto, de acuerdo con la contraloría, se desviaron recursos por corrupción, solo en 2021, por 24 mil millones de soles. 

En general, cualquier estrategia económica necesita del mercado y del Estado. Durante el actual gobierno ya es una costumbre que determinados funcionarios favorezcan a personas cercanas para que sean contratadas en diversos puestos públicos. O que alcancen determinados puestos públicos, sin tener los méritos, aunque sí el contacto. 

Sin embargo, se dice que Perú tiene un modelo basado en el mercado. Sostengo que tiene algunos elementos que constituyen una economía social de mercado, pero no todos. Ni siquiera estoy seguro si tiene un modelo, entendido este último como los lineamientos generales de la estrategia. Los casos de corrupción que se han destapado en los últimos meses relacionados con el entorno presidencial, así como el hecho de que funcionarios del gobierno actual favorezcan a algunos sobre otros, configuran un escenario donde el mérito parece no importar. Esta realidad muestra que, para lograr algo en nuestro país, se requiere tener contactos con funcionarios públicos de distintos niveles. Digamos que alguien postula a la construcción de una carretera. La conexión con quien toma la decisión es la que determina quién gana la licitación. Y eso ocurre a cambio de favores futuros. Imagine que necesita una licencia para poner un negocio. Hay que conversar con las personas encargadas, quienes parece que hicieran un favor. Eso no es libre mercado; es mercantilismo, corrupción e incapacidad. No generalizo, pues existen funcionarios públicos eficientes y honestos, pero son la minoría. 

El mercantilismo, estrategia por la cual se logran objetivos no por méritos, sino por conexiones con el poder, es opuesto al libre mercado. Y esa es una conducta típica en el Perú que se debe desterrar. El libre mercado se basa en decisiones individuales en igualdad de condiciones, y en un Estado que provea los servicios básicos justamente para lograrla. En nuestro país, los ganadores son quienes tienen contactos en el Poder Judicial o cualquier ente público que tome decisiones, por lo que se convierte en una apuesta sin riesgo. Y esa corrupción no es gratis, sino a cambio de desvío de recursos que perjudica al país. 

En la medida que los mercantilistas logran más objetivos que aquellos que no tienen sus conexiones, la riqueza se concentra en unos pocos. La desigualdad de ingresos se deteriora. Y la convulsión social aumenta. Uno de los principales objetivos que algún gobierno tiene que enfrentar es la eliminación de la corrupción y la economía de favores. El mercado no puede funcionar así. Sin embargo, se le culpa y –más allá de la posición ideológica de cada uno– es un error. Sin reglas claras e iguales para todos, no hay mercado que opere ni un Estado que redistribuya los beneficios del mercado. El problema es institucional. 

El resultado es la frustración ciudadana. Pero veamos que la raíz del problema no está en la estrategia económica, pues esta se asienta en una realidad institucional, caracterizada por altos niveles de corrupción e incapacidad de gestión. La alta desigualdad de acceso a servicios básicos tampoco ha sido enfrentada. Pasar a más Estado no solucionará nada, ni tampoco lo hará quedarnos como estamos. O hacemos las reformas de salud, educación, pensiones y de acceso a servicios básicos para todos, o no habrá modelo que funcione. 

La credibilidad es básica para que una economía se mueva; hoy más que nunca está claro que la política influye en la economía. No se trata de culpar a unos o a otros; el problema es que no confiamos en nadie ni en nada y en ese contexto es imposible que progresemos como sociedad. Veamos a los países exitosos, entendiendo por exitosos aquellos que brindan altos niveles de bienestar a todos sus habitantes. Son países con alto nivel de confianza interpersonal. Entonces todo fluye. 

El gran reto que tenemos como sociedad es volver a confiar, si es que alguna vez lo hicimos. Lo que pasa es que la economía no funciona en un vacío, sino en una realidad concreta. Y esa realidad se caracteriza por una desconfianza casi total. Entonces nos dedicamos a insultar y agredir a todos aquellos que piensan diferente. No somos una sociedad deliberante, en la que el debate alturado y basado en evidencia empírica nos lleve a lo más cercano a la verdad. La mitad quiere convencer a la otra mitad y si no lo logra, entonces la insulta. No nos damos cuenta de que así nos alejamos más unos de otros. La cooperación puede hacer en economía que 2 más 2 sea 5. El conflicto hace que la misma suma sea 3. Vean cómo funcionan las sociedades con alta calidad de vida. Funcionan tanto el mercado como el estado, tanto el sector privado como el público. ¿Cómo así? Pues el mercado produce riqueza y beneficia directamente a través de buenos empleos a aquellos que tuvieron la suerte de estudiar, entre otras ventajas que les brindó la lotería de la vida. El Estado cobra impuestos y con el dinero invierte en aquellos que no se pueden integrar tan fácilmente al mercado, a través de una educación de calidad, salud de primer nivel, seguridad ciudadana, acceso a agua potable y desagüe, etc. Son sociedades libres de corrupción. No se busca lograr cosas con trampa, si no se espera el turno. Son estados que usan bien el dinero que tienen en beneficio de todos. 

Nuestra pregunta creo que tendría que ser, ¿cómo hacemos para que el entorno dentro del cual funciona la economía sea conducente a elevar el bienestar? Cada cinco años creemos que lo logramos en una en elección, para luego desilusionarnos. Los mismos que apoyaron a la persona que ganó se le voltean. Es historia vieja. Para desarrollar debemos crecer y reformar, pero por encima de todo, volver a confiar. 

Lo que rodea a la economía es tan importante como la economía misma. Necesitamos mejores instituciones y aumentar el capital social, que simplemente se refiere a la confianza, tanto interpersonal como a aquella que tenemos en nuestras instituciones. Es urgente volver a creer para volver a crecer. En síntesis, lento crecimiento, inflación por encima de la meta, deterioro institucional y falta de claridad en el rumbo y los objetivos marcaron el primer año del gobierno. ​​

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Economía Carlos Parodi

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