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Desafíos de la comunicación no verbal. La comunicación no verbal en jaque, por Verónica Vargas
26 de octubre de 2020

"El mundo actual en el que muchas de nuestras reuniones son por videollamada o en el que nuestras conversaciones incluyen mascarillas, la comunicación se vuelve bastante más compleja. Y, si consideramos que seguiremos un tiempo más viviendo de esta manera, es imperativo prestar atención a este tema". ​Por Verónica Vargas Soto, docente del programa Lidera UP.

​En el mundo en que vivíamos, muchos de nosotros ya habíamos aprendido a manejar la comunicación no verbal, a expresarnos con gestos, con movimientos y con el volumen de la voz, fuera del uso de palabras. Por ejemplo, habíamos aprendido a mostrar aceptación con una sonrisa, a utilizar los brazos y el cuerpo para ser más enfáticos con una idea o a mostrar transparencia colocando las manos sobre la mesa en una reunión. 

El mundo actual en el que muchas de nuestras reuniones son por videollamada o en el que nuestras conversaciones incluyen mascarillas, la comunicación se vuelve bastante más compleja. Y, si consideramos que seguiremos un tiempo más viviendo de esta manera, es imperativo prestar atención a este tema. 

Partamos primero por entender ¿qué ha cambiado?

Las reuniones virtuales muestran solo rostros y lo que la persona tiene detrás de sí (la pared, un cuadro, la cama, la cocina). Esto se observa en caso el video esté prendido. No vemos cuerpos completos, ni ​​formas de vestir. 

En encuentros presenciales, lo que ha cambiado es que las mascarillas cubren buena parte de la expresión facial y no permiten que la voz salga por completo. Asimismo, nuestros comentarios se escuchan con volumen más bajo por la distancia social. 

El problema es que, anteriormente, los seres humanos ya teníamos problemas de comunicación, nos costaba escucharnos y nos era difícil hacernos entender, entonces ¿de qué manera podemos potenciar nuestra comunicación para que no empeore e, incluso, mejore? 

Las soluciones siempre parten por tomar consciencia del problema y decidir hacerse cargo de resolverlos. Sin embargo, incluimos algunas sugerencias que pueden aportar. 

Respecto a reuniones virtuales, vale la pena aprender a:

  • Utilizar el volumen de la voz (puedes jugar con el volumen alto o bajo para enfatizar una idea)

  • Tomar en cuenta la velocidad con la que hablamos. Las ideas difíciles requieren más tiempo para que el cerebro las procese y, algunas veces la señal de internet falla, justo en la parte importante, así que vamos lento pero seguro al hablar.

  • Manejar el cuerpo, específicamente, la parte que se ve en una llamada. Puedes alejarte de la cámara para mostrar un panorama amplio o acercarte para expresar complicidad. Considera que tu audiencia ve tus brazos hasta el límite de la cámara y según el dispositivo que utilices.

  • Comunicar quién eres a través del fondo que utilizar. Si es posible para ti, intenta colocar un fondo neutro, que no distraiga o uno que muestre tus intereses personales.

Sobre los encuentros presenciales, sugerimos considerar:

  • Utilizar brazos y manos para expresar lo que la sonrisa ya no puede. Si antes decíamos gracias, por favor, ayúdame con distintas maneras de sonreír, hoy veamos alternativas.

  • Vocalizar, mover más la boca para que las palabras sean mejor entendidas.

  • Aumentar el volumen de la voz. Esto es vital para que podamos escucharnos.

  • Preguntemos. No temamos volver a preguntar si no hemos escuchado o entendido. Incluso podemos preguntar a nuestro interlocutor si entendió lo que planteamos o asegurarnos comprensión, enviando un mensaje de texto con las conclusiones de la conversación.

Los desafíos en estos tiempos seguirán, pero intentemos que, por lo menos, la comunicación mejore. 

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