Ninguno
Alumni UP: Bicicletas para los Andes
13 de mayo de 2020
Entrevista a Pablo Ramos, egresado de Administración,  fundador y director general de Baika: proyecto social que promueve la donación de bicicletas a niños que caminan más de dos horas para llegar a sus escuelas​.
Bajo la sencilla pero poderosa idea de acortar las distancias y ahorrar tiempo gracias a la bicicleta, Pablo Ramos ha creado una red de solidaridad que está movilizando a cientos de personas para ayudar a los niños de la sierra peruana. Pablo vio que, en algunos distritos pobres y olvidados de la provincia de Melgar, en el departamento de Puno, los niños demoraban hasta cuatro horas diarias en sus largas caminatas de ida y vuelta del colegio, pero podrían ahorrar más del 50% de ese tiempo si se movilizaban en bicicleta. 

En junio de 2017 Pablo tenía 19 años, era estudiante de la facultad de Administración de la Universidad del Pacífico y estaba en la biblioteca preparándose para un examen final. En un momento decidió hacer un alto y despejar la mente viendo algo de Facebook. Y vio en la página de un amigo, que era voluntario de una organización de ayuda humanitaria, unas fotos del distrito de Ayaviri, en el departamento de Puno, que mostraban misteriosos parajes desérticos, montañas agrestes y puestas de sol espectaculares. Así que, luego de superar con éxito los exámenes finales, Pablo empacó su mochila y viajó a Puno. 

LA DISTANCIA ES EL OLVIDO 

Ubicado a cuatro mil metros sobre el nivel del mar, Puno es uno de los departamentos más pobres del Perú. En sus zonas rurales, lejos de los centros poblados, muchas familias se dedican a la micro agricultura y a la micro crianza de ganado con fines de autoconsumo y subsistencia. Construyen sus viviendas de uno o dos ambientes con piedras, barro y paja ichu para los techos. No hay agua potable, ni luz, ni servicios públicos. Cuando se acaba el pasto en un lugar, padres, hijos y animales se mudan a otros lares, siempre alejados de las escuelas, para empezar de nuevo. En esas condiciones, los niños de las escuelas primarias, de seis a doce años de edad, van y vienen a estudiar caminando.

Las escuelas quedan en promedio a una distancia de cinco kilómetros de sus viviendas, lo que los obliga a caminar todos los días dos horas de ida y dos horas más de regreso, con las consecuencias que ello implica: pérdida de tiempo, frío y cansancio. 

Como buen estudiante de Administración, Pablo había aprendido a pensar de la siguiente manera: “Donde hay un problema, hay una oportunidad de solución”. El problema era la distancia. Había que buscar la solución. 

BICICLETAS PARA LA ALTURA 

ALUMNI UP: ¿Cómo llegaste a la idea sencilla pero poderosa de que una bicicleta podría solucionar un problema tan grande y de tan larga data? 

PABLO RAMOS: La verdad yo no me había dado cuenta. Inicialmente yo solo quería ayudar. Organicé a mis amigos más cercanos, de la universidad y de los colegios San Pedro y Villa Cáritas, para realizar campañas de donación de ropa, frazadas, zapatos, bicicletas y juguetes. La idea inicial era ayudar en algo a los habitantes de Ayaviri, cuya realidad me había impactado. 

AUP: Las bicicletas alegran tanto como los juguetes… 

PR: El profesor Isaac Pocohuanca, de la escuelita de Quesca, me dijo que nuestras donaciones no solo hacían felices a los niños, sino que también contribuían a que los niños se desarrollaran a largo plazo. Se refería a las bicicletas. Los niños habían empezado a usarlas como medio de transporte, ahorrando más de dos horas diarias en ir y regresar del colegio, mejorando las condiciones en que los niños iban a aprender, mejorando su disposición a aprender. 

Las palabras del profesor puneño prendieron un foquito en la cabeza de Pablo. Si el problema era la distancia, la solución serían las bicicletas para acortar esa distancia. Pablo convocó a sus amigos, pusieron una nota en Facebook para conseguir bicicletas, el tema se viralizó y la gente se empezó a movilizar: un montón de personas recordaban tener -en el depósito, en el garaje o en la azotea- una bicicleta para niños que ya no usaban y que podía servir a otros. 

El emprendimiento social se formalizó creando una organización sin fines de lucro, perceptora de donaciones, llamada Baika (bicicleta en quechua), con áreas de operaciones, administración y finanzas, marketing, proyectos y gestión de impacto. A la fecha Baika cuenta con un equipo de más de treinta personas, alianzas con organizaciones, empresas, universidades y colegios, puntos de acopio y “taller de reparación”, que en realidad es la casa de un amigo donde ellos mismos reparan y ponen a punto las bicicletas. Ya se han repartido más de 700 bicicletas en colegios de Puno, Cusco, Arequipa y Ayacucho. 

“Nosotros somos un puente”, dice Pablo: “conectamos a gente de Lima y de otras partes que quiere ayudar, con gente en Puno y otros departamentos que necesitan ayuda”. Y fue así como empezaron a llover bicicletas del cielo.

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Administración

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