Ninguno
¿Las mujeres tenemos los mismos derechos?
17 de junio de 2020
Días como hoy en que recordamos avances, nos deben traer también reflexiones. Y animarnos a que, desde nuestras tribunas, nos comprometamos con la lucha por la igualdad real en todos los derechos (no solo los políticos). Y mientras no llega, a siempre alzar la voz contra la discriminación, la diferencia injustificada y el abuso.
Fuente: Correo
Columna de opinión de Ana Neyra
Un 17 de junio de 1956 fue la primera vez que las mujeres votamos en el Perú. Más de 60 años han pasado, pero recordar esta fecha debe llevar a reflexionar sobre si el reconocimiento de los mismos derechos deriva en la práctica en tener las mismas prerrogativas que nuestros pares masculinos. Empecemos por derechos como intimidad u honor. 

¿Se protegen por igual? ¿Se escudriña de igual modo en la vida privada de los hombres que lo que se hace con las mujeres? ¿En las decisiones sobre estado civil, uso del tiempo libre, (no) maternidad? O, desde las libertades informativas, ¿se escucha de igual modo la voz de las mujeres? ¿O todavía los mayoritariamente presentes en los medios de comunicación son hombres y de mayor edad? (pese a la expertise de mujeres en diversos campos). 

En derechos políticos, tema de particular relevancia hoy, nuestra posibilidad de ser representadas aún es limitada. Se exige la “cuota de género” (30% en las listas). Se aprobó la paridad y alternancia en el Congreso (50% de hombres y mujeres ubicados de manera alternada en las listas) aunque aún no se logra que aplique desde 2021. ¿Cuántas mujeres realmente llegan a ser elegidas? En el Congreso, tenemos 34 congresistas mujeres; antes, 36, y en los periodos previos 28 y 35, respectivamente. 0 gobernadoras regionales, pocas alcaldesas y regidoras en proporción. 

En los partidos, pese al 48% de afiliaciones de mujeres, solo alrededor del 30% ejercen cargos directivos (JNE 2018). Además, muchas son víctimas de acoso político: 26% en las Elecciones 2014, 22% en 2018, 49% en 2016, y 52% en 2020 (Encuestas JNE). 

A estas razones, se suman los estereotipos sobre las candidatas, a quienes se exige probar mayores méritos, o tienen menor posibilidad de acceso a financiamiento privado o medios de comunicación (Llanos 2020). 

En salud, de particular relevancia ante la pandemia, pensemos en los riesgos que derivan de la maternidad: En el mundo, cada día mueren alrededor de 830 mujeres por complicaciones relacionadas con embarazo o parto (OMS 2019), sin siquiera mencionar el embarazo adolescente o la violencia obstétrica al dar a luz. 

En educación, 9 de cada 10 niñas completan la escuela primaria pero solo 3 de cada 4 completan el primer ciclo de escuela secundaria y, en los países de ingreso más bajo, menos de dos tercios de niñas termina la escuela primaria y solo 1 de 3, el primer ciclo de escuela secundaria (Banco Mundial 2018). 

En trabajo, aún hay brecha salarial, además de que las mujeres se benefician menos de la reducción de la pobreza (ONU 2018), a lo que se agrega la menor posibilidad de acceder a puestos directivos, en correlato con prácticas muy generalizadas como el mansplaining o el acoso laboral. Ello sin contar las actividades no remuneradas en el hogar, a las que las mujeres nos dedicamos casi 23 horas más que los hombres, como el cuidado de otras personas o las labores domésticas (Encuesta Nacional de Uso del Tiempo 2010). 

También hay un impacto económico diferenciado en contextos como el generado por el COVID-19, por el alto porcentaje de mujeres en trabajo a tiempo parcial, autoempleo, informalidad, empleo a plazo fijo de mejor duración y empleo en empresas pequeñas con menor productividad, sin siquiera detenernos en grupos especialmente vulnerables por pobreza o etnicidad, entre otros factores (Ñopo y Jaramillo 2020). 

Por otro lado, 8 de cada 10 mujeres admiten haber sentido miedo y 3 de 10 haber sido víctimas de acoso en el transporte público en la ciudad de Lima (Banco Mundial 2020). 59 mujeres han sido víctimas de feminicidio en lo que va del año (166 en 2019) (MIMP 2020). 

Días como hoy en que recordamos avances, nos deben traer también reflexiones. Y animarnos a que, desde nuestras tribunas, nos comprometamos con la lucha por la igualdad real en todos los derechos (no solo los políticos). Y mientras no llega, a siempre alzar la voz contra la discriminación, la diferencia injustificada y el abuso.

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Derecho

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