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El maquinista y el borracho | ||||||
| El P. Armando Nieto Vélez, S.J., ha enviado a Coiné un artículo periodístico y un comentario. Ambos se reproducen a continuación: | |||||||
| Tren despedaza a un obrero mientras dormía | |||||||
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Esta pintoresca nota de la página policial presenta algunas expresiones curiosas. Por lo pronto, si el sujeto estaba en completo estado de ebriedad, no se podría conjeturar que el estado en se encontraba y el fuerte golpe motivó (sic) (por motivaron) al sujeto a tomar la errónea determinación... El chofer del tren: el nombre chofer cuadra más a un vehículo como el auto o el ómnibus. Tratándose de trenes o locomotoras se dice maquinista. El conductor no pudo evitar frenar a tiempo. Creemos que el redactor quiso decir todo lo contrario, esto es, no pudo frenar a tiempo. La última frase de la nota parece sugerir que el fiscal de turno tardó varias horas (¿de cavilaciones?) en ordenar el levantamiento del cadáver. La frase luego de varias horas debió colocarse antes, obviamente. |
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Coiné: Verdaderamente, el texto periodístico es un muestrario de incorrecciones lingüísticas y de inconsecuencias lógicas. Podrían agregarse dos más: claxon y se dio cuenta que. Aunque el Diccionario de la Real Academia Española222 dé para claxon una definición tan parca como bocina eléctrica, lo usual es que el claxon sea la bocina de los automóviles: en los trenes suena el pito (ojo al pito, mano al breque es una vieja expresión ferrocarrilera). Se dio cuenta que es un queísmo por se dio cuenta de que. Uno no se da cuenta algo, sino que se da cuenta de algo (cfr. Coiné III, 3, p.2). Muchas gracias por su interesante y perspicaz colaboración. |
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Más frecuente que se la escuche que se la vea | ||||||
En un número de Caretas [del 9 de setiembre de 1999], hay un artículo de [Mario] Vargas Llosa, interesante, como todos los suyos (El diablo en la lechería). Refiriéndose a la ópera La condenación de Fausto, dice: Por su escasa movilidad, es más frecuente que se la escuche en recitales que se la vea en representaciones operísticas.(p.40) Ese que se la vea..., ¿está bien? Al haber usado la fórmula ...es más frecuente que se la escuche..., parecería que faltara un que antes de ...que se la vea..., aunque ello resultaría peor por la repetición de la palabra que. Por ello, ¿no habría sido mejor que Vargas Llosa volteara la frase? Por ejemplo, podría haber escrito lo siguiente: Por su escasa movilidad, es más frecuente escucharla en recitales que verla en representaciones operísticas. Raúl Villacorta Vigo villacor@sunass.gob.pe |
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Coiné: En primer lugar, convendría decir que tanto la construcción que se la vea como la construcción que se la escuche son correctas. El pronombre la incluido en cada una de ellas se refiere a La condenación de Fausto, la ópera que, precisamente, está comentando Vargas Llosa. A diferencia del otro referente del fragmento citado, el pronombre posesivo su (su escasa movilidad), que solo exige concordancia de número, los pronombres personales como la exigen también concordancia de género: si es la, debe referirse a la ópera. En segundo lugar, sí resulta pertinente su observación respecto del que. Vargas Llosa crea una comparación de intensidad: más a que b. El problema es que tanto a (que se la escuche) como b (que se la vea) son proposiciones que exigen un que inicial. Propiamente, son proposiciones que equivalen a sustantivos o a construcciones con valor sustantivo (como, por ejemplo, más escuchar que ver o más escucharla que verla). Por lo tanto, lo propio sería escribir *Es más frecuente que se la escuche en recitales que que se la vea en representaciones operísticas. No obstante, como usted señala atinadamente, ello obligaría a la repetición de que, lo cual, por lo menos, parecería poco elegante. Su solución resulta, entonces, bastante adecuada: al sustituir que se la escuche por escucharla y que se la vea por verla, usted ha transformado las proposiciones subordinadas sustantivas en sustantivos (o en infinitivos, funcionalmente equivalentes), con lo que elimina el que de cada una de las proposiciones y mantiene, eso sí, el que comparativo obligatorio en estas construcciones. |
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-bilidad | ||||||
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Les envío un cordial saludo y mis sinceras felicitaciones por la página que dirigen. Me ha sido de mucha utilidad en la solución de dudas en el manejo de nuestra lengua. Ahora, quiero pedirles que me ayuden a interpretar, es decir, a conocer la regla aplicable cuando las palabras terminan en bilidad, ya que en algunos casos se aplica a cualquier palabra, sin saber si está sujeta o no a terminar en bilidad. Por ejemplo: § gobernabilidad, § presentabilidad, § marginabilidad, § mapeabilidad etc. Les agradeceré me hagan llegar sus comentarios. Alejandro RomeroAmador aromeroa19@hotmail.com |
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Coiné: Bajo la entrada dad, el Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española de Manuel Seco indica que la secuencia dad es sufijo de nombres abstractos de cualidad derivados de adjetivos. Con adjetivos en ble (otro sufijo), se forman derivados terminados en bilidad. Por ejemplo, amabilidad (de amable). Consecuentemente, de gobernable se forma gobernabilidad; de presentable, *presentabilidad (una palabra no registrada en el Diccionario de la lengua española22 de la Real Academia Española [DRAE]). Análogamente, de *marginable, podría derivarse *marginabilidad; y de mapeable, mapeabilidad: ninguna de las cuatro formas está incluida en el DRAE22. Existe, por lo que se ha visto, un procedimiento para formar nombres abstractos de cualidad en español. Sin embargo, el DRAE registra solo algunas formas y no otras. ¿De qué depende? Pues de ser consideradas o no ejemplares, de ser o no formas del español culto, literario o estándar. ¿Podrían considerarse formas ejemplares *marginabilidad o *mapeabilidad? No en este momento, pero podría sustentarse su necesidad expresiva, o comprobarse su uso intenso o su difusión y así, podrían convertirse en formas ejemplares. ¿Conviene usar *marginabilidad cuando ya está registrada en el DRAE la forma marginalidad (construida a partir de marginal)? No parece muy sensato, aunque podría haber alguien que realizara una distinción conceptual que justificara la nueva forma. Fue lo que pasó, por ejemplo, con ofertar, que no es equivalente a ofrecer, sino que significa ofrecer en venta un producto. No se ve tampoco la necesidad de *mapeabilidad, aunque siempre cabe la posibilidad de que pueda justificarse algún uso técnico. En última instancia, para adoptar una nueva forma deberían considerarse criterios como la necesidad expresiva, la propiedad idiomática y, finalmente, el gusto.
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Lejos, lejitos, ¿lejito? | ||||||
Aquí está la duda: el otro día dije lejitos, y mi enamorado me corrigió y me dijo que se decía lejito porque era un adverbio y los adverbios no tienen género ni número. Luego, cuando yo le dije que venía de lejos, los dos nos quedamos con la duda. Ahora he estado pensando que lejitos no exista, pues algo está lejos o cerca pero no lejitos, así que ahora tengo más dudas que nunca. Por favor indíquenme qué es lo correcto. Felicitaciones por el boletín. Muchas gracias. Diana Castañeda Diana_Castaneda@mccann.com.pe |
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Coiné: Su enamorado tiene razón: lejitos es un adverbio, pero se equivoca al sugerir la corrección *lejito, aunque también es acertada la observación de que los adverbios “no tienen género ni número”. Usted también tiene razón: lejitos es una derivación de lejos. Y no solamente usted, sino muchas personas, dicen y seguirán diciendo lejitos, o sea que se trata no solo de una palabra existente, sino de un término que probablemente siga existiendo. ¿Confundida? Distingamos, para tratar de despejar la confusión. Rafael Lapesa (Historia de la lengua española, p.585) nota la vitalidad del diminutivo –ito en el español de América. Indica que este hasta se repite para reforzar la expresividad: ahoritita, toditito. Como se puede verificar con el examen de los ejemplos citados, los diminutivos en el español de América se aplican no solo a los nombres (sustantivos o adjetivos: todito), sino también a los adverbios (ahorita). Al respecto, y en relación al español del Perú, sostiene Rocío Caravedo (‘Perú’ en: Manuel Alvar (director), Manual de dialectología hispánica. El español de América, p.167): “A menudo los adverbios no se comportan como formas invariables [...] Reciben igualmente sufijos derivativos como diminutivos y aumentativos: ahorita, tempranazo, aquisito, rapidito. La derivación con diminutivos de los adverbios es, pues, un rasgo del español americano y, por cierto, también del español peruano. Como ya lo señaló Amado Alonso en su clásico estudio sobre los diminutivos (Noción, emoción, acción y fantasía en los diminutivos en: Estudios lingüísticos. Temas españoles, p.215), la abundancia del diminutivo es un rasgo de lo regional, del habla de las regiones en tanto se opone a la general. En el español general, y sobre todo formal y en registro escrito, los adverbios son invariables; en el habla regional (americana, peruana), admiten derivaciones como diminutivos y aumentativos: lejitos, lejazos. En determinados casos, el diminutivo puede tener valor conceptual: en Chile, agüita es agua caliente; en la Argentina [y también en el Perú], de mañanita es por la mañana temprano; en la República Dominicana, ahorita significa hace poco o pronto(mientras ahora significa ahora), Cfr. Alonso, op.cit.; sin embargo, las más veces no hay una variante en la posición conceptual o afectiva del hablante respecto del objeto nombrado, sino cortesía o afecto hacia el oyente [como el aquisito no más, dicho para no angustiar al viajero con la verdadera distancia que lo separa de su destino](Cfr. Alonso, op.cit.). El lejitos usado por usted podría ser de este tipo: no indicaría necesariamente una diferencia conceptual con lejos, sino más bien se trataría de la expresión de afecto o cortesía hacia el oyente (en este caso, su enamorado), en una situación pragmática bien definida. En síntesis, lejitos pertenece a la norma regional peruana y americana, se
usa en situaciones familiares o informales y en registro oral, y es forma correcta si se
usa con las referidas determinaciones. No corresponde, en cambio, al español general,
formal y, sobre todo, de registro escrito (salvo cuando se cita, como lo hacen los
novelistas, por ejemplo) y, por ello, sería forma incorrecta si se usara en contextos o
situaciones formales. |
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