Trasfondo

 

“El tiempo es oro y el amor es una locura”: las metáforas del habla cotidiana

por Cecilia Montes Corazao

 

Cuando se habla de metáforas, se suele pensar en figuras literarias o poéticas. En este grupo caen las gastadas comparaciones entre el color de los ojos de la amada y el color del cielo, así como también aquellas relaciones de semejanza, no tan obvias, que se establecen, por ejemplo, en la Fábula de Polifemo y Galatea, de Góngora, entre la cueva en la que vive el cíclope y un bostezo (“De este, pues, formidable de la tierra bostezo, … a Polifemo, horror de aquella sierra, bárbara choza es…”1). Además de estas metáforas literarias, cuyo objetivo consiste a menudo en llamar la atención del lector, existe otro grupo de metáforas, las metáforas literales, que por la frecuencia y cotidianidad de su uso pasan, a menudo, inadvertidas, aun cuando sea posible dirigir deliberadamente la atención hacia ellas.

En su libro Metaphors we live by2, George Lakoff y Mark Johnson resaltan el uso extendido de las metáforas en el lenguaje común, de uso diario, y sostienen que estas metáforas no literarias van más allá de ser meras formas expresivas, ya que reflejan la visión del mundo y de la realidad de los miembros del grupo humano que las usan.

El identificar las metáforas literales más comunes del lenguaje cotidiano permite, pues, entender el significado de conceptos, por lo general abstractos, cuya definición de diccionario puede no resultar satisfactoria debido a su falta de correspondencia con la percepción que los hablantes tienen de la realidad. Ejemplos de metáforas literales o no literarias son las metáforas del tiempo. Si alguien pregunta por el significado de tiempo y busca la respuesta en un diccionario encontrará, entre otras, las siguientes definiciones: ‘duración de las cosas sujetas a mudanza’; ‘parte de esta duración’; ‘edad de las cosas desde que empezaron a existir’ (Cfr. Diccionario de la lengua española de la Real Academia Española [DRAE], s.v. tiempo). Estas acepciones difícilmente sirven para aclarar el concepto ‘tiempo’ e incluso pueden resultar confusas. Por el contrario, la observación cuidadosa del lenguaje que comúnmente se usa para hablar del tiempo es una fuente directa y mucho más rica de información sobre el significado real que las personas le otorgan. Examinemos las siguientes expresiones:

Su tiempo es muy valioso.
No malgastes tu tiempo.
Invertir el tiempo en cosas útiles te traerá beneficios.
Ha gastado su tiempo durmiendo.

Es una persona muy ocupada: su tiempo vale mucho.

Al observar las palabras y expresiones que normalmente se utilizan para hacer referencia al tiempo, se descubre que estas están vinculadas al dinero: algo que es valioso, que se puede malgastar, invertir, o gastar. La metáfora subyacente, que probablemente corresponde a una mejor definición del tiempo, es la siguiente: el tiempo es dinero o un objeto de valor. Si bien esta relación puede parecer obvia, no es natural ni, por lo tanto, universal. Es imaginable una sociedad no industrializada en la que el tiempo, el trabajo y el dinero no estén tan vinculados. En este caso, el significado del tiempo probablemente será otro y esto se verá reflejado en el lenguaje común del grupo. Las metáforas, agregan Lakoff y Johnson, no solo son lingüísticas, es decir, no solo son una mera manera de hablar, sino que expresan una forma de vivir y asumir la realidad.

Otra metáfora literal del tiempo es la que vincula este concepto con algo móvil. Obsérvense las palabras que se usan en los siguientes enunciados para hablar del tiempo:

El tiempo pasa cada vez más rápido.
El tiempo vuela.
Pronto llegará el día de su cumpleaños.
Casi está aquí el día en que todo cambiará.

Algo que tiene la capacidad para pasar rápido, volar, llegar o estar casi aquí solo puede ser algo que está en movimiento.

En otros casos, el tiempo permanece estático y es el ser el que se mueve hacia él:

El viejo se acerca cada día más al futuro que lo espera.
Ya dejaste el pasado atrás. Enfréntate al futuro.

En estos enunciados no llama la atención que el ser humano se mueva, ya que por su naturaleza es móvil, pero sí la personificación del tiempo: nuevamente el tiempo es tratado como alguien que puede esperar (...al futuro que lo espera) y al que uno se puede enfrentar (Enfréntate al futuro).

Las metáforas literales, tales como el tiempo es dinero o un objeto valioso, el tiempo es algo móvil y el tiempo es una persona abundan en el lenguaje cotidiano. El aspecto común a todas ellas es la tendencia a concebir lo abstracto, el tiempo, por ejemplo, en términos de algo más concreto, ya sea como un objeto valioso, como algo que tiene movimiento o como una persona. Otro ejemplo en el que puede observarse esta tendencia es el caso de la metáfora Entender es ver:

¿Ya ves por qué no funciona?
Trata de ver cómo pasó para que no se vuelva a repetir.
Cada vez veo con mayor claridad por qué falló el plan.

Por fin vio la luz.

Esta metáfora sigue la misma dirección que la anterior: un concepto abstracto, como el entender, es tratado como algo más concreto o perceptible, el ver.

Asimismo, es difícil no pensar en las relaciones humanas como un viaje. El lenguaje cotidiano está poblado de expresiones que sugieren esta metáfora. Examinemos algunas:

Después de iniciar su vida juntos, decidieron separarse y tomar caminos distintos.
Han avanzado hasta un punto en el que deben decidir si siguen recorriendo el camino juntos o cada uno toma su propia ruta.
Esa relación no puede seguir avanzando en esa dirección.
Han perdido la brújula.
Están en un callejón sin salida.

Se perdió el rumbo de la relación.

Son frecuentes las metáforas referidas a la mente. En estas, la mente es concebida a veces como un objeto frágil, a veces como una máquina. Obsérvense los siguientes ejemplos:

Ya no recuerda nada. Su mente es frágil.
Si lo presionan mucho, su mente puede estallar en mil pedazos.
Se desmoronó ante la sentencia.

Ante su insistencia, rompió a llorar.
No podrán quebrantar su voluntad: es fuerte.

 

Le falta un tornillo.
Presta atención. No te desconectes.
Su mente está operando a mil por hora.
Pongan sus mentes a funcionar.
No fabriques ideas extrañas en tu cabeza.
Sus mentes están trabajando.

Lejos de ser incongruentes, las distintas metáforas que se construyen a partir de un mismo concepto se complementan, pues permiten resaltar y, consecuentemente, entender distintos aspectos de un mismo concepto.

Cada una de las metáforas anteriores resalta una de las facetas que suelen vincularse a la mente humana. Mientras que la metáfora la mente es un objeto frágil (algo que puede estallar en pedazos, romperse o quebrantarse como un vidrio) destaca el lado emotivo de las personas, la metáfora la mente es una máquina (que debe ser conectada para operar o funcionar) se refiere a su aspecto intelectual.

¿Cómo desligar la noción de campaña electoral de la noción de guerra cuando gran parte de la terminología vinculada a ese concepto proviene del léxico bélico? Incluso la palabra campaña, que viene del latín campus (‘campo’)3, es utilizada, desde el siglo XVI, con diversas acepciones militares4.

Gore y Bush son rivales en la contienda electoral.
Aún no se sabe cuál de los candidatos resultará vencedor en esta batalla electoral.
Los candidatos están luchando por el poder.
Atacó a su contrincante con todas las armas que tenía para ganar.
El candidato sacó la artillería pesada para combatir con su contrincante.

Los rivales del candidato se defendieron de sus ataques: algunos se replegaron y otros se atrincheraron.

Para terminar, considérense algunas de las expresiones comunes que se usan cuando se hace referencia al amor:

Está embobada con él.
Lo tiene idiotizado.

Estos ejemplos sugieren que el amar equivale, con frecuencia, a perder la lucidez e, incluso, a llegar a situaciones más extremas:

Se volvió loca por él.
Perdió la razón cuando la conoció.
Está chiflado por ella.

Están locamente enamorados.

Ante estas expresiones, ¿cómo no aceptar que el amor es una locura?


1 Góngora, Luis de. Fábula de Polifemo y Galatea en: Antología. Madrid: Espasa-Calpe S.A., 1960.
2 Lakoff, George y Mark Johnson. Metaphors we live by [Metáforas que guían nuestra vida]. Chicago: The University of Chicago Press, 1980.
3 Alonso, Martín. Enciclopedia del idioma. Madrid: Aguilar, 1958, p. 883.
4 Diccionario de Autoridades. Real Academia Española. Madrid: Gredos, 1964 [1726-1739], s.v. campaña

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