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| El Comercio, Lima 8 de mayo de 2000, p. C8. | ||
Quizás el día de pago pueda calificarse como bendito; pero, ¿por qué Ume dice esa bendita cuota, esa bendita tarjeta de crédito, el bendito cajero y el bendito minuto cuando, en realidad, quiere significar esa maldita cuota, esa maldita tarjeta de crédito, el maldito cajero y el maldito minuto como, con mayor sinceridad, se expresa cuando dice ¡Maldita sea!? La respuesta pasa por la explicación de un procedimiento discursivo no tan raro: el eufemismo. Según Fernando Lázaro Carreter, el eufemismo es un proceso muy frecuente que conduce a evitar la palabra que conduce a algo molesto, sucio, inoportuno etc., sustituyéndola por otra más agradable (Diccionario de términos filológicos3. Madrid: Gredos, 1971, s.v. eufemismo). En la determinación de qué sea molesto, sucio, inoportuno etc. intervienen precisos códigos de comportamiento social, históricamente circunscritos (cfr. Angelo Marchese, Dizionario di retorica e di stilistica. Cles [Torino]: Mondadori, 1999, s.v. eufemismo). El tabú genera una retórica de la alusión y de la atenuación que se manifiesta de diversas maneras: mediante la metáfora (Ha pasado a mejor vida por Ha muerto) o la metonimia (¿Dónde puedo lavarme las manos? por ¿Dónde está el retrete [o, más atenuadamente, el baño]?), por ejemplo. Un cultismo menos extendido que el término propio (decir invidente por ciego), una generalización (decir económicamente débiles por pobres) o un desplazamiento (decir ¿Cómo es? por ¿Cuánto es?, cuando se está tratando de dinero), son también procedimientos eufemísticos usuales. Vinculados de manera especial al eufemismo están otros procedimientos retóricos, como la lítotes o la hipérbole. La explicación que ofrece al respecto el Grupo m puede resultar interesante: Tomemos a tres personas a la salida de un espectáculo [al] que juzgan lamentable. Para considerarlo con benevolencia, una dirá: No estaba mal; otra: era magnífico; y la tercera: tenía algunas cualidades. Pero sabemos que no tenía ninguna. Puesta aparte la benevolencia, podrían ponerse de acuerdo y decir: era lamentable. Este enunciado hace de grado cero [pues se trata de un enunciado propio] a sus eufemismos, distintos en su formulación, pero idénticos en su función y en su funcionamiento. La forma del eufemismo puede variar. Puede ser una lítote [es decir, la negación de lo contrario a lo que se quiere afirmar: no estaba mal] o una hipérbole [es decir, una exageración: era magnífico]. Puede decir más o menos, pero a menudo dice al mismo tiempo más y menos [...] (Grupo m, Retórica general, Buenos Aires: Paidós Comunicación, 1987, p. 220) El caso de bendito por maldito es semejante al de pardiez y rediez, que resultan de la deformación fónica de las expresiones originales par Dios por Dios y ¡rediós!, juramentos e interjecciones que buscan ocultar intenciones blasfemas o, por lo menos, irreverentes. Sin embargo, la sustitución de maldito por bendito va más allá, pues en este caso se afirma exactamente lo opuesto de aquello que se dice de manera expresa. Es, en realidad, una antífrasis, análoga a expresiones como ¡Tienes razón! o ¡Qué limpio estás! cuando se quiere dar a entender todo lo contrario (¡Estás totalmente equivocado! o ¡Qué sucio estás!), cfr. Angelo Marchese, Dizionario di retorica e di stilistica. Cles (Torino): Mondadori, 1999, s.v. antìfrasi. ¿Y
cómo es posible afirmar exactamente lo opuesto de aquello que se dice de manera expresa?
La teoría lingüística señala que el significado, la designación y el sentido
son conceptos vinculados, pero no idénticos. El significado" -según
Eugenio Coseriu- "es el contenido de un signo [lingüístico] o de una expresión en
cuanto dado en una lengua determinada y exclusivamente por medio de la lengua misma
[...]" (Lecciones de lingüística general. Madrid: Gredos, 1981, p. 283).
Según el Diccionario de la lengua española de la Real Academia Española (DRAE), bendito
remite a bendecir alabar, ensalzar: ese es su valor, su
significado. "La designación" -sigue Coseriu- "es
la referencia a la realidad, o sea, la relación en cada caso determinado
entre una expresión lingüística y un estado de cosas real, entre signo
[lingüístico] y cosa denotada" (Lecciones, p.283). El signo lingüístico bendito
puede, efectivamente, referirse a una situación "bendita" y, en ese caso,
resultaría un término "propio", pero también es posible referirse con bendito
a algo "maldito" (como cuando se le dice "gordo" a un flaco). Por
último, el sentido "es el contenido propio de un texto, es decir, lo que el
texto expresa más allá (y a través) de la designación y el significado. Nos percatamos
con facilidad de este estrato del significar en los casos en que, incluso en la vida
diaria, aun habiendo comprendido el significado literal de ciertas palabras o frases, nos
preguntamos qué es lo que se ha querido decir con ellas; buscamos, por tanto, algo más
allá del significado y de la designación; nos preguntamos, precisamente, cuál es el
sentido (la intención, la finalidad, las implicaciones, etc.) de lo que
lingüísticamente, es decir, de acuerdo con las reglas de la lengua y las normas del
hablar, ya hemos comprendido" (Coseriu, Lecciones, p.284). En este caso, decir
bendito por maldito puede tener un sentido eufemístico. |
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