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"Veo con sorpresa que hasta El Comercio está diciendo navegador por navegante cuando se refiere a Internet [...] ¿Podría Coiné reproducir las recientes decisiones de la Academia sobre nomenclatura técnica (particularmente relacionada con la informática)? Veo, por otra parte, que ustedes escriben fax en vez de facsímil. ¿Se aceptan las dos expresiones?

Víctor Latorre, vlatorre@li.urp.edu.pe, profesor, Escuela de Post Grado, Universidad Ricardo Palma (Lima, Perú).

Coiné: El Diccionario de la lengua española21 de la Real Academia Española (DRAE) registra tanto navegador como navegante. Ambos términos poseen el mismo significado: ‘que navega’. Se aceptan tanto los usos adjetivos como los sustantivos. Es posible, por consiguiente, escribir uno u otro término. Sobre las decisiones de la Academia sobre nomenclatura técnica, en el caso de que las haya, le prometemos un informe que aparecerá en algún número próximo. Por último, fax es un término ya incluido en el DRAE. La entrada correspondiente remite a telefax (que significa tanto ‘sistema telefónico que permite reproducir a distancia escritos, gráficos o impresos’ como ‘documento recibido por telefax’). Otro sinónimo de las citadas palabras es telefacsímil. Fax, telefax o telefacsímil no son términos que puedan sustituirse por facsímil o facsímile. Estos últimos significan ‘perfecta imitación o reproducción de una firma, escrito, impreso etc.’. Por lo tanto, facsímil o facsímile poseen significados vinculados, pero no equivalentes, a fax o a sus términos emparentados.

 

"Muy sugerente la presentación de los aportes de Fernándo Lázaro [se refiere al artículo ‘El léxico del "código restringido": una limitación para el aprendizaje’, de Carlos Gatti Murriel, aparecido en Coiné, II, 1, pp. 1-3]. Muy práctico todo lo que se dice y ‘en la onda dialectal’ de nuestra sociedad.

Me atrevo a sugerir que al profesor de colegio/secundaria le toca promover mucho: 1) la lectura (empezando por obras propiamente literarias o ‘artísticas’, supongo); 2) la composición o ‘redacción’, lo más que se pueda; y 3) la crítica y corrección de esas composiciones (bien sea por el propio y sufrido profesor, bien sea por los otros compañeros de aula). En cambio, al profesor de universidad/nivel educativo ‘superior’ le toca: 1) dar buen ejemplo de hablar y escribir, digamos, ‘con elegancia’ en los temas de su especialidad (por más ‘científica’ que ésta sea); 2) exigir que sus alumnos (cualquiera sea el curso de que se trate) se expresen con propiedad, con personalidad, con riqueza de ideas (que debe provenir obviamente de los textos de consulta con los que preparan sus clases).

No puedo estar en contra de los diversos ‘ejercicios’ que Coiné sugiere a través del artículo... pero no tengo mucha fe en ellos. En esto soy conservador y clásico: leer mucho... ¡no hay otra vía segura para dominar el idioma! (Cuando tengo algún espacio libre o cuando estoy con la ‘onda’ de ayudar a los chicos a hablar y escribir ‘como grandes’ les recomiendo ‘el viejo truco’ de comprarse un buen cuaderno y escribir un ‘diario’ personal, romántico, filosófico, metafísico o lo que sea... ¡y agarrar el gusto de escribir todos los días –o todas las noches– las experiencias de ese día!)"

Bernardo Regal Alberti, bregal@correo.ulima.edu.pe , profesor de Ética, Filosofía y Cosmología de la Universidad de Lima (Lima, Perú).

Coiné: Gracias por las palabras de aliento. Sobre los ejercicios y la recomendación a los alumnos de "leer mucho" y escribir un diario personal, puede decirse que no son actividades antitéticas y que bien podrían complementarse. Debe agregarse a lo anterior un hecho cierto: se lee poco (y se escribe menos) por propia iniciativa. Quizás los ejercicios puedan servir para el público estudiantil menos motivado y contribuyan a una elevación del nivel de sus habilidades lingüísticas.

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