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Aprender a leer, aprender a escribir, aprender a aprender1

Por Jorge Wiesse Rebagliati

 

"Una parte importante del énfasis de la escolaridad futura estará puesta en la convergencia entre aprendizaje del manejo del lenguaje escrito y desarrollo de habilidades cognitivas y afectivas": con estas palabras, Juana Pinzás (en un texto fundamental: Metacognición y lectura. Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú, 1997; p.113) formula un planteamiento que comparten muchos profesores (especialmente de Lenguaje).

En la base de la afirmación anterior está el convencimiento de que aprender a leer y aprender a escribir se vinculan estrechamente con aprender a conocer y con aprender a sentir. Es decir, el alumno que aprende a"leer comprendiendo y escribir expresándose" (p.18 del citado libro) desarrolla estructuras cognitivas y afectivas que lo involucran como ser total (dentro de una perspectiva "holística", como se señala en la pág. 72 del texto referido).

¿Por qué el aprendizaje de estas habilidades resulta especialmente relevante para la formación integral de la persona? Aunque no explícitamente ni en estos términos, el libro de Pinzás responde así a esta pregunta: porque en la lectura y en la escritura –sobre todo si se asumen con una perspectiva "constructivista"- se activan de manera privilegiada procesos "metacognitivos".

A lo largo de Metacognición y lectura, se ofrecen diferentes (aunque complementarias) definiciones de metacognición: "la conciencia de lo que uno sabe sobre la manera como uno sabe" (Paris), p.34; "aquella actividad mental que tiene por objeto otra actividad mental. Es decir, es pensar sobre la manera como pensamos" (Yussen), p.56; "la aplicación del pensamiento al acto de pensar", p.16; o, sencillamente, "aprender a aprender", p.17. El libro de Juana Pinzás ofrece no sólo un interesante resumen actualizado de la bibliografía escrita sobre el tema, sino una amplia descripción de estrategias metacognitivas aplicadas a la lectura (que podrían trasladarse perfectamente, como la misma Pinzás lo propone al final de su libro [pp. 95-96], a la didáctica de la redacción).

La reflexión de Juana Pinzás viene a reforzar un conjunto de esfuerzos destinados a desarrollar habilidades que muchos consideran obvias, pero que son, en realidad, raras y escasas2. Precisamente porque se suponen aprendidas, no se desarrollan. De ahí el hecho de que la enseñanza de la lectura y la redacción esté concentrada en determinados cursos –los cursos de Lenguaje- y en determinados años o ciclos. Pinzás sostiene que existe una falta de énfasis en la enseñanza de destrezas de comprensión de lectura [y, señaladamente, de estrategias de redacción] a través de los distintos niveles educativos (p.13) asociada a una falta de entrenamiento en destrezas de estudio e investigación que se apoyan en destrezas de lectura (p.13). Estas destrezas no pueden ni deben circunscribirse a los cursos de Lenguaje, pues las habilidades lingüísticas, y específicamente el dominio de la lectura y la redacción, forman parte del tramado de todo el sistema educativo.Hasta las Matemáticas se enseñan en una lengua histórica. No es posible explicarlas "en matemático".

Ello vuelve especialmente valiosos los esfuerzos de todos los profesores del área de Lenguaje, de manera particular, y de todos los profesores, en general, quienes –en tanto transmiten contenidos, evalúan, dirigen o promueven indagaciones o investigaciones o se constituyen en modelos de corrección idiomática- son, también, profesores de Lenguaje. Juana Pinzás, en su texto Metacognición y lectura, señala las prioridades de una tarea de capacitación docente que involucra –o que debería involucrar- a todos los profesores en todos los niveles: primero, afinar las destrezas de los profesores en el manejo del lenguaje escrito; segundo, examinar los modelos de enseñanza-aprendizaje que utilizan; tercero, evaluar los sistemas de seguimiento continuo con que se evalúa el aprendizaje (p.18). Todo ello con un objetivo no por obvio menos urgente ni menos importante: enseñar a los alumnos de todos los grados a leer comprendiendo y a escribir expresándose. Esta tarea es continua: va de la primaria a la secundaria y de la secundaria a la universidad. Todo lo que se realiza en un nivel contribuye a fundar el siguiente. Estas habilidades no deben presuponerse en ningún nivel, aunque es evidente que cada grupo es diferente y que el profesor deberá adecuarse a las demandas específicas que éste le plantee.

Precisamente porque existe una conciencia muy sentida de la importancia de este tema, muchas empresas y aun varias instituciones de nivel académico superior solicitan cursos de redacción (que, por supuesto, parten de habilidades de comprensión de lectura). Esta conciencia es una prueba de que los directivos, los profesionales o los alumnos de instituciones serias y reconocidas entienden que "leer comprendiendo y redactar expresándose" son habilidades básicas, que atraviesan o fundan a todas las otras habilidades superiores de aprendizaje y que se engarzan no sólo con procesos cognitivos elementales, sino con los que los psicólogos de la educación llaman procesos "metacognitivos", que son aquellos que regulan el "aprender a aprender".

 


1 Algunas de las ideas expuestas en este artículo se presentaron en el taller Estrategias didácticas para el desarrollo de la redacción realizado el 2 de setiembre de 1998 en el Colegio Pestalozzi (Lima, Peru), dentro de las actividades programadas por la ADCA.
2 Como intentos pedagógicos que van en esta línea deben considerarse el texto de Carlos Gatti Murriel y Jorge Wiesse Rebagliati. Técnicas de lectura y redacción. Lenguaje científico y académico. Lima: Universidad del Pacífico, 1998 [1992]; 152 pp. (Serie "Apuntes de Estudio", 7) y el artículo de Jorge Wiesse Rebagliati. 'Algunos aportes de la lingüística del texto a la enseñanza del discurso científico'. En: Lexis XII, 2 (1988): 191-205.

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