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"En el primer número [de Coiné] en la nota al pie de la página 3 encabezada por el número 2, se desliza un anacoluto de ruptura en la construcción de la frase: ‘La oración en cursivas es la afectada por el anacoluto’. El modificador indirecto subrayado del núcleo sustantivo oración [es decir, en cursivas] se refiere al estilo de letra cursiva. ¿Por qué está escrito en plural? ¿Acaso concuerda con el número de letras que contiene la oración citada? ¿Y cómo sería la concordancia si tuviera una sola letra? Ciertamente, la corrección sintáctica sería así: La oración en cursiva...

En el mismo número [Coiné I, 1, p. 3], en la sección Al margen, aceptar el concepto de Malmberg para referirse al francés como un idioma más preciso, más lógico y más claro analíticamente que otros [idiomas], sería como sostener que hay lenguas más eficaces, más lógicas y más precisas que otras. No hay lenguas correctas o incorrectas, mejores o peores, precisas o imprecisas, hermosas o feas. Todas las lenguas son igualmente eficaces para establecer la comunicación. Todo depende del punto de vista que utilicemos. Estamos acostumbrados a una lengua, nuestra lengua materna. Por eso mismo es muy difícil emitir juicios en cuanto a la eficacia de una lengua y la ineficacia de otras. Todas las lenguas se adaptan a las necesidades de su comunidad. No se podría decir que el español es más lógico que el ruso o que en italiano se pueden expresar mejor los sentimientos amorosos que en español. Todas las lenguas son igualmente eficaces y la misma realidad se puede ver desde muchos ángulos según el interés de cada quién (y de cada lengua)."

Adrián Peña, apena@correo.ulima.edu.pe, profesor de Lengua Española II en el Programa Académico de Estudios Generales de la Universidad de Lima (Lima, Perú)

 

Coiné: Gracias por la atención y por las gentiles palabras que precedieron a sus interesantes observaciones y que no pudieron recogerse por cuestiones de espacio. Respecto de la primera (que se refiere a la nota núm. 2 del artículo ‘Variedades del anacoluto’ de Jorge Wiesse Rebagliati), debe decirse lo siguiente: no se trata de un anacoluto. En todo caso, podría ser una discordancia (si se considera que el núcleo sustantivo oración debe concordar con su modificador indirecto cursivas); pero tampoco existe discordancia, pues en español la concordancia se establece entre núcleo sustantivo y modificador directo y no, entre el núcleo sustantivo y el modificador indirecto (hipotéticamente,y como ilustración, podría decirse "oraciones cursivas" u "oración cursiva"; pero, indiferentemente "oración en cursiva" u "oración en cursivas"). Lo que sí existe es una elisión, por ello es legítimo escribir tanto "oración en [estilo de letra] cursiva" como "oración en [letras] cursivas". El escribirlo de una forma o de otra depende de la costumbre. Para hablar de un fenómeno semejante que afecta también a la representación gráfica de las letras, se dice tanto "mayúsculas" como "mayúscula". En las normas de ortografía de la Academia (Real Academia Española. Ortografía. Madrid: Imprenta Aguirre, 1974; 47 pp.), por ejemplo, se escribe "En las leyes, decretos y documentos oficiales suelen escribirse con [letra] mayúscula [...]" (§6, 8º), pero también :"Se recomienda que en las publicaciones que incluyen listas de términos, no se utilicen [letras] mayúsculas, o si así se hace, se mantengan las acentuaciones ortográficas [...]" (§6, 11º). Sobre la preferencia de cursiva sobre cursivas, puede citarse a Umberto Eco, quien usa cursiva ("Las máquinas de escribir sólo tienen letra redonda, no cursiva." Cómo se hace una tesis. Barcelona: Gedisa, 1986; p. 225), pero pluraliza cuando se refiere a otro tipo de letras ("En muchos libros, en vez de la cursiva [...] se usan las versalitas [...]" Eco, op.cit., p.227). La tradición inglesa tiende al plural: "An epigraph at the head of a chapter may be set in italics [=en cursivas] in the same size type as the text [...]" (The Chicago Manual of Style13. Chicago and London: University of Chicago Press, 1982; § 19.56, p.575).

Respecto de la segunda observación (que alude a una opinión del lingüista sueco Bertil Malmberg referida en la columa Al margen [Coiné I, 1, p.3]), quizás convenga citar in extenso la fuente. Dice Malmberg: "Para todo aquel que está familiarizado con la historia de la lengua francesa parece suficientemente claro que la precisión de la expresión, la lógica de las formulaciones y la claridad analítica que la distinguen son el resultado, en gran medida, de la actividad de los puristas –tanto los gramáticos como los escritores-. Y también que es una consecuencia del intelectualismo que caracterizaba la atmósfera de la universidad de París durante el Medioevo. Pensadores posteriores como Pascal, Descartes y Voltaire dispusieron de una sólida base sobre la que construir."( La lengua y el hombre. Madrid: Istmo, 1966; p. 114) Obsérvese que sólo se listan determinadas propiedades: precisión, lógica de formulaciones, claridad analítica y no otras, como algunas citadas por usted (corrección ["correctas o incorrectas"], bondad ["mejores o peores"], belleza ["hermosas o feas"]). Considérese también que Malmberg alude a la actividad realizada por hablantes conscientes sobre su lengua (las referencias a los puristas [gramáticos y escritores], a la universidad de París y a pensadores de la talla de Pascal, Descartes y Voltaire lo prueban). Lo anterior lleva a pensar que Malmberg se refiere no a la elaboración primaria de la lengua (actividad en la cual todas las lenguas son perfectas y por medio de la cual se igualan, pues, como usted bien dice, todas las lenguas "[...] son igualmente eficaces para establecer la comunicación[...]"y "[...]se adaptan a las necesidades de su comunidad"), sino a la elaboración secundaria de la lengua, en la cual sí cabe reconocer diferencias. Así, las cualidades señaladas por Malmberg se pueden predicar no del francés per se, sino del francés elaborado por una comunidad cuya conciencia metalingüística es especialmente fuerte. El reconocer este hecho no debería considerarse como una afirmación despectiva hacia otros idiomas. Todas las lenguas, al establecer distinciones particulares e idiosincrásicas, son medios privilegiados de conocimiento (las diferencias -de contenido y de expresión- que establece una lengua no las establece otra). Más todavía: es posible que desde el punto de vista de la organización lingüística misma muchas lenguas "primitivas" sean mucho más complejas y propongan distinciones más finas que las lenguas "de cultura" (en la acepción estricta del término). Sin embargo, estas últimas (entre las cuales debe incluirse el español, cuya elaboración metalingüística data, por lo menos, de la época de Alfonso X el Sabio) poseen una mayor tradición de elaboración secundaria y, en ese sentido (y sólo en ése), sí es posible distinguirlas de las otras. Como sostiene Eugenio Coseriu en una publicación reciente editada por el Congreso de la República del Perú (Corrección idiomática. Congreso [peruano], noviembre de 1997): "[...] ninguna lengua es superior a otra en cuanto a posibilidad, en cuanto a estructura, porque todas las lenguas son sistemas para hablar y, por lo tanto, ninguna es superior, en ese sentido, a otra lengua. Pero, además de esta estructura básica, existe la elaboración secundaria: o sea, la elaboración de siglos para determinados propósitos, para determinadas formas de la cultura, para la administración, la educación, etc." (p. 4) No es ningún propósito descaminado el pretender afinar la conciencia de esta elaboración secundaria, que en el caso de profesores de lenguaje y aun de hablantes cultos debe tomar la forma de la reflexión sobre la lengua que se habla y se escribe, es decir, de la reflexión metalingüística.

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