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El español en contacto con el quechua Por Juan Carlos Godenzzi |
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Al instaurarse el español como lengua del poder colonial, el panorama lingüístico de los Andes empieza a transfigurarse: se abre el paso a las relaciones conflictivas, los contactos y las transferencias entre el español y las lenguas indígenas. Y ese proceso, iniciado en el siglo XVI, dura hasta nuestros días. El estudio lingüístico de esos fenómenos estuvo, hace algunas décadas, atravesado por la polémica, con frecuencia extrema y estéril, en torno de la influencia efectiva o nula de las lenguas indígenas sobre el español de América. Sin embargo, como consecuencia del impulso dado por los estudios de Uriel Weinreich (Languages in contact, The Hague: Mouton,1953) acerca de los préstamos lingüísticos, las interferencias y otros fenómenos surgidos del contacto de lenguas, han ido apareciendo importantes investigaciones y planteamientos teóricos. Resulta de especial relevancia distinguir tres tipos de cambio en las lenguas:
Los tipos de cambio (2) y (3) -es decir, el préstamo y la interferencia- ocurren en situación de contacto de lenguas; y en ellos son los factores sociales los principales determinantes de la dirección y extensión de los préstamos y las sustituciones lingüísticas. En los cambios inducidos por contacto, se requiere considerar varios factores: la lengua dominante de los bilingües (lengua receptora / lengua fuente); los agentes del cambio (hablantes nativos / hablantes no nativos)2. Otra noción que ha contribuido a renovar los estudios dialectológicos es la de causación múltiple, la cual se opone a las explicaciones genéticas monocausales de índole interna. En los procesos de cambio lingüístico, suelen intervenir a la vez factores tanto internos como externos, y no hay razón para privilegiar siempre las explicaciones internas o las externas separadamente. Así sucede, por ejemplo, en las construcciones del tipo "su casa de Juan", muy frecuentes en el área andina, en las que convergen tanto un proceso interno propio de la lengua española ("so sobrino del Campeador", en el Cantar del Mío Cid; "su madre de Melibea" en La Celestina) probablemente debido a la indefinición o ambigüedad propia de la tercera persona como un proceso externo de refuerzo por el hecho de que en quechua hay doble marca de posesión (el genitivo -pa y el posesivo de tercera persona n: Juan-pa wasi-n de Juan su casa). Recientemente, han aparecido importantes publicaciones que, según los nuevos enfoques conceptuales, dan cuenta del fenómeno del contacto lingüístico en Hispanoamérica3. En ese contexto de la investigación, hace su aparición ahora el libro de Anna María Escobar, dedicado al español en contacto con el quechua en el Perú4. En su marco teórico y contextual, A.M. Escobar discute el concepto de interferencia y propone entenderlo como "aquellas características lingüísticas que se encuentran en la lengua B, la lengua receptora, que no corresponden a las características ni de la lengua A ni de la lengua B (como la usan los monolingües), pero que se encuentran en el habla de los hablantes bilingües" (p.20). Postula que las interferencias producidas por el contacto entre el español y el quechua "derivan de una reorganización o reinterpretación de los contrastes semánticos del sistema lingüístico del español" (p.21). Presenta, asimismo, una visión sociohistórica de los cambios experimentados por la sociedad peruana, en particular en la segunda mitad del siglo XX, período en el que se producen masivas migraciones hacia las ciudades, y los relaciona con los comportamientos sociolingüísticos y las políticas idiomáticas. A continuación, se describen las características lingüísticas del español en contacto con el quechua, se las ejemplifica y se las clasifica en ocho procesos diferenciados: (1) el orden de palabras: objeto-verbo (unas cuantas palabras entiendo); adjetivo-nombre (tengo una grande hermana); posesor-poseído (de mi mamá en su casa estoy yendo); (2) la concordancia: número (niños sucio), género (la escuela nocturno) y tiempo (allí se estacionó el camión para que bajen); (3) la elipsis: omisión de verbos (pero esos tragos [son] un poquito malo), de preposiciones (si quieres te llevo [a] Lima), de determinantes (antes tenía [un] perrito) y de pronombres (aquí en Lima [la] aprendí yo solo [jardinería]); (4) la regularización (me ponieron serrucho, sabieron mi cumpleaños, hacerán); (5) la reduplicación: de morfemas (grandototote), de palabras (llorando, llorando no más ha estado el perro); (6) la redundancia semántica (es mi más mayor que yo, más antes); (7) la derivación (comportación por comportamiento, fotografista por fotógrafo, apisotear por pisotear, fuerzoso por forzudo); (8) la acomodación semántica, es decir, el uso de ciertas formas en lugar de otras (tu padre fue [estuvo] muchos años enfermo del hígado; en el patio está [hay] un naranjo chiquito; yo quería ir [venir] acá). En la interpretación de estos diversos fenómenos, la autora otorga especial importancia al plano semántico y discursivo. Tiene en cuenta, igualmente, los mecanismos universales de las lenguas y los aspectos relativos a la adquisición de la primera y la segunda lengua. Dos son los aportes que, en mi opinión, sobresalen en este trabajo de Escobar: (a) la amplia información lingüística recogida sobre el contacto lingüístico, a partir de estudios ya existentes y del propio trabajo de campo, y el esfuerzo de ordenarla y clasificarla; y (b) la utilización de instrumentos teóricos y metodológicos adecuados a los hechos estudiados, que superan el análisis contrastivo u oracional, y que se abren a la dimensión semántica y discursiva. La autora es consciente de que es necesario proseguir con estudios detallados que proyecten más luces sobre las interferencias lingüísticas y sus implicancias en el cambio lingüístico en una situación de contacto. Pero su contribución constituye ya un avance significativo en esa dirección: ofrece un amplio espectro de los fenómenos de contacto, articula elementos explicativos, motiva nuevas reflexiones teóricas. El trabajo de A.M. Escobar y el de muchos otros que se inscriben en la
misma línea apuntan a ese tema crucial que es la relación entre lenguaje, lengua y
sociedad. Y ahí hace falta una concepción teórica sólida que otorgue mayor coherencia
y adecuación a las descripciones, a los análisis y a las interpretaciones. Se sabe, por
ejemplo, que el estudio sociolingüístico, desde sus inicios, asumió la concepción
sociológica estructural-funcionalista de Talcott Parsons y que, desde entonces, casi no
la ha revisado ni cuestionado. Ahora bien, tal concepción, de un lado, postula que el
cambio está vinculado con el sentido inevitable del progreso y, de otro, lleva a perder
de vista las interacciones, los conflictos y las resistencias que están presentes en los
ámbitos comunicativos de la interacción cotidiana. Por ello, al ocuparse de las
sociedades capitalistas desarrolladas, Parsons proyecta sobre ellas una imagen limpia de
patologías sociales. De ahí la necesidad de desarrollar una reflexión crítica y
conceptual capaz de sustentar y promover la investigación social de las lenguas. Y a eso
nos invitan iniciativas como la de Anna María Escobar.
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