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El Comercio, Lima, 18 de enero de 1999, p.D6 |
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Condorito, que quiere parecer elegante luego de un viaje a Europa, se equivoca: confunde un topónimo (un nombre de lugar) con un apellido. Esta confusión es posible por la semejanza fónica entre el final de determinados apellidos castellanos y el del nombre del accidente geográfico. Apellidos como Torres o Llanos, usados en plural, o como Fernández o López, patronímicos que se pronuncian con "s" y no con "z" en Hispanoamérica, pueden haber sido los modelos del error de Condorito.
Una antigua prescripción académica dispone la colocación de la preposición a delante de objetos directos personales (es decir, los objetos o los complementos directos que se refieren a personas). Quizás de esta forma podría haberse eliminado la ambigüedad. Así, la expresión "¿Visitó los Alpes?" puede tener el valor de ¿Visitó el principal sistema montañoso de Europa, que se extiende en amplio cerco desde la costa mediterránea de Provenza hasta Austria y el Adriático?. Correspondientemente, la expresión "¿Visitó a los Alpes?" podría significar ¿Visitó a la distinguida familia apellidada Alpes?.
Sin embargo, es posible que la ambigüedad no se
resuelva de manera tan sencilla. Como observa Emilio Alarcos Llorach (Gramática de la
lengua española. Madrid: Real Academia Española, 1995, § 335, p.280): "Con los
nombres propios geográficos el uso [de la preposición a] ha sido vacilante, si
bien parece hoy predominar la ausencia de preposición. En un mismo texto alterna: Admiramos
a este Bilbao [...] llevamos en el cogollo del corazón al Bilbao
chiquitito y ¡Los que hemos visto casi nacer el Bilbao de los Altos Hornos!
(Miguel de Unamuno, Paisajes del alma, pp. 43, 45)." |
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