Al margen
... yo soy gramático, yo soy trabajador de la palabra ... Martín Adán
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En el origen de las preocupaciones que han motivado la creación de Coiné, el boletín informativo de temas lingüísticos del Departamento de Humanidades de la Universidad del Pacífico, está la convicción de que la devaluación de la palabra coincide con la devaluación de la vida y de que la recuperación de lo humano pasa por una sensibilización, en última instancia, verbal. Quizás sea por este motivo por lo que los contenidos de esta publicación puedan resultar más familiares a quienes reflexionan o mueven a la reflexión sobre el lenguaje, es decir, a los profesores de lengua y literatura de todo nivel. No obstante, Coiné aspira a un público mayor: el de los poetas, como llamaba George Steiner a todos los hablantes de una lengua, pues son éstos quienes vuelven vivo un idioma mediante la creación continua.
Una lengua no es sólo el producto de la inercia de sus hablantes, sino el resultado -necesariamente colectivo, comunitario- de la acción consciente, fruto de la educación y del estudio. A este último sentido se alude con el término coiné, la lengua común que inventaron los griegos para mejorar la calidad de sus intercambios lingüísticos. Esta calidad no es un objetivo esquivo: modernamente la adquirió el francés. Como lo recuerda Malmberg, es posible que la insistencia secular del francés en el uso lingüístico correcto ("le bon usage") haya contribuido a la precisión expresiva, a la lógica de las formulaciones y de las expresiones, y a la claridad analítica que lo distinguen de otros idiomas.
Una lengua que se reconozca común por el cuidado que demanda una apropiación
voluntaria supone, finalmente, un afinamiento de la libertad inherente a todo acto
lingüístico. Es este trabajo educativo común el que Coiné espera generar. Para
ello solicita la intervención de todo hablante interesado. Es decir, de todo poeta.
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