Círculo de lecturas: un espacio para nuestras vidas

por Martina Vinatea Recoba

 

Jueves, una de la tarde. Cruzamos miradas cómplices, buscamos la sala A-502, acomodamos las sillas, empieza nuestro círculo de lecturas.

Cuántas sensaciones, cuántas interpretaciones surgen del mismo texto. ¿Puede un cuento de una línea ser comentado durante cuarenta y cinco minutos? Pareciera que sí. ¿Puede un cuento de un señor muy viejo con unas alas enormes llevarnos a hablar del bien y del mal, de aquello en lo que creemos y aquello que dudamos? Definitivamente sí.

Un objeto mágico-religioso cobra vida, allí, ante nuestros ojos y con él, nuestros fantasmas.

Un demiurgo que habita en unas ruinas circulares nos invita a soñar en una creación propia y aceptamos: ahora, también leemos nuestras creaciones.

Un punto concéntrico donde se reúnen todos los puntos del universo nos regala una nueva visión del mundo, una nueva perspectiva.

Pronto, veremos una isla al mediodía, continuaremos un parque, pasaremos una noche boca arriba, pasearemos en tren...

Tal pareciera que en nuestro círculo las fronteras entre la literatura fantástica y nuestras vidas se muestran difusas. Una frase, un personaje, algo implícito, algo explícito, despiertan un mundo de sensaciones y vivencias personales que necesitamos compartir. Ese es el intento de nuestro círculo de lecturas: crear un espacio para nuestras vidas.

¡Cómo pasa el tiempo! Llaman a la puerta, son casi las dos de la tarde. Un profesor y sus alumnos nos devuelven a la realidad.

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