El Comercio, 01 de mayo de 2005


La legislación ambiental no contempla sanciones por emisión de malos olores


Las familias del asentamiento humano Acapulco, ubicado a pocos metros del penal Sarita Colonia, en el Callao, conviven con el hedor. Allí el aire está enrarecido por un olor similar al que emana un animal en descomposición. Las fábricas que procesan harina de pescado y alimentos balanceados con plumas de aves son las responsables del hedor en toda esa zona.

Los malos olores provocados por diversas actividades industriales o la basura son un tipo de contaminación ambiental. Aunque no lleguen a ser tóxicos, un mal olor es un agente contaminante ocasionado por los gases que se liberan en el proceso de descomposición de la materia orgánica. Sobre este aspecto, la Organización Mundial de la Salud (OMS) es muy clara: si hay malestar, hay un problema de salud. Nuestra legislación ambiental no contempla sanciones por esta particular forma de contaminación del aire. La Policía Ecológica recibe un promedio de cuatro quejas mensuales por olores desagradables y reconoce que estos casos son difíciles de tipificar, porque para formalizar una denuncia debe probar que existen daños concretos en la salud de los que se asumen como afectados.

En el Perú, aunque no existen instrumentos técnicos, las municipalidades tienen competencia para resolver este tipo de quejas de los ciudadanos a través de la imposición de sanciones administrativas, como el retiro de licencias y multas para los responsables de los malos olores. Defectuosos sistemas de extracción y depuración de humos en actividades industriales, situadas en zonas urbanas, provocan una invasión en los domicilios de olores pestilentes que los vecinos no pueden evitar y que tienen que soportar.

El miércoles pasado, Lima se vio invadida por un persistente mal olor, originado por la producción de harina de pescado en la zona norte de la ciudad. Según el Senamhi, la dirección del viento cambió y trajo aires de ese lado para las zonas sur y centro. La olfatometría es un método reconocido científicamente y que ya es oficial en algunos países para determinar la magnitud del problema por olores molestos. Proporciona datos sobre la intensidad del olor y la sensación que produce en la población.

 


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