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El Comercio, 06 de Febrero de 2005 |
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Los desagües de medio millón de personas terminan en el río Chillón |
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Más que indiferencia lo que hay contra el río Chillón es desprecio. No solo no se limpian ni recogen las miles de toneladas de basura regadas en su cauce. En verdad, parece el botadero oficial del cono norte. Muchos vecinos y algunas municipalidades tiran en su cauce la basura, para beneficio de miles de recicladores informales y una treintena de chancherías clandestinas (entre San Martín de Porres y Carabayllo), cuyos cerdos embuten diariamente un festín de desperdicios y salen directamente a los mercados zonales. Los capos de este negocio, según la ONG Alternativa, una de las que trabajan en la zona, se instalan en pleno lecho del río para evitar ser desalojados en las esporádicas operaciones. "Allí los municipios no tienen jurisdicción porque el río depende del Ministerio de Agricultura y ellos pocas veces hacen este tipo de intervenciones", aseguran. Al problema de la basura se suma la pésima disposición de los desmontes. Cuando la norma exige que por lo menos el cauce de un río debe tener 50 metros, un recorrido por el Chillón denuncia lo contrario. Hay sectores, como Chaperito (Carabayllo) y Tambo Río (Comas), donde esta distancia no excede ni el metro y medio. Defensa Civil ha dicho que ante un eventual huaico los riesgos para los que viven y trabajan en los alrededores son alarmantes. Y es que, como señala Sonia Rodríguez, de Alternativa, "no existe un sistema en Lima que diga dónde puedes arrojar el desmonte". |